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La accesibilidad se reivindica como criterio para medir si un destino es realmente inteligente

  • 12 may
  • 4 min de lectura

El congreso de AMETIC sitúa al colectivo con discapacidad como una oportunidad turística de 59 millones de viajeros potenciales en Europa


La accesibilidad debería dejar de tratarse como un eje más del modelo de Destino Turístico Inteligente (DTI) para convertirse en la vara con la que se mide si ese destino lo es realmente. Esa fue la tesis de fondo de la mesa de debate "Destinos Inteligentes Accesibles" celebrada durante el Digital Tourist 2026.

La charla estuvo moderada por Carlos Domínguez, de Relaciones Institucionales de Ilunion (Grupo Social ONCE), y contó con la participación de Rafael Nuche, de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid; Jaime Solano, CEO de GVAM, y José Moreno, Wise Human City Consultant de Solmes.


Una oportunidad turística infravalorada


Domínguez abrió la mesa con cifras que retratan el peso real del turismo accesible. En Europa, el 27% de la población tiene alguna discapacidad y el 70% de ese colectivo dispone de capacidad física y económica para viajar, lo que se traduce en cerca de 59 millones de visitantes potenciales.

España es ya el segundo país más visitado por personas que requieren condiciones de accesibilidad, y este perfil de viajero gasta de media 200 euros más por persona y viaje, viaja dos veces al año y suele desplazarse acompañado, lo que contribuye además a desestacionalizar la demanda. A ello se suma una proyección demográfica relevante: en 2050, el 25% de la población europea tendrá más de 65 años.


"Cumplir la normativa no significa ser accesible"


Los tres ponentes coincidieron en distinguir entre el cumplimiento normativo y la accesibilidad real. José Moreno lo planteó con un ejercicio práctico: "Pensad en un edificio que cumple la normativa y preguntadle a una persona con movilidad reducida si cumplir la normativa significa ser accesible". Su tesis es que el problema empieza antes, en el diseño, y sólo se resuelve cocreando con el usuario final.

Jaime Solano defendió que la accesibilidad debe ser entendida como infraestructura transversal y no como un añadido. La comparó con el tratamiento que recibe el multilingüismo en los proyectos: "En las propuestas se valora si pongo 16 o 14 idiomas. La accesibilidad debería ser prácticamente uno de ellos, pero a nivel de los primeros". Solano subrayó además que la accesibilidad combina dos planos: una infraestructura normalizada y, sobre ella, una capa de personalización adaptada a cada colectivo y necesidad.


"Una ciudad no puede ser inteligente sin ser accesible"


La intervención más contundente del debate llegó de la mano de Rafael Nuche, quien defendió que la digitalización y la accesibilidad son patas complementarias. "Un destino no puede ser inteligente sin ser accesible", afirmó.

Nuche identificó la "fricción digital" como la barrera principal hoy: aunque la EMT cuenta con toda su flota adaptada y paradas plenamente accesibles, el reto está en comunicar al usuario, en tiempo real y en su idioma, qué puede hacer en cada momento. "Lo que es una desesperación es que una persona con movilidad reducida llegue al autobús y no pueda subirse, sin que se le hubiera comunicado previamente o se le ofrecieran alternativas", expuso.


Personalización como nueva frontera


Jaime Solano defendió que la fase actual del sector pasa por exprimir la infraestructura ya construida —PID, datos, inteligencia artificial— para volcarla en lo singular de cada destino. "La tecnología es perezosa con la personalización, pero hay que forzarla. La personalización es lo que va a tener sentido a partir de ahora", afirmó.

En el mismo plano situó el efecto que la inteligencia artificial está teniendo sobre el valor de las experiencias: "Lo singular crece en valor por la inteligencia artificial; aquello que es generalizable, copiable o replicable, pierde valor". Una buena noticia, sostuvo, para destinos con marca y patrimonio diferencial.

José Moreno aportó el caso de Malgrat de Mar, donde la habilitación de plazas PMR se ha completado con un sistema de reserva previa que permite incluso comprar el billete de tren asociado, integrando accesibilidad, sostenibilidad e impacto territorial.


Cuatro afirmaciones a debate


El moderador del debate convirtió la última parte del mismo en un ejercicio interactivo, con tarjetas verdes y rojas para responder a afirmaciones provocadoras.

Ante la idea de si "la digitalización está creando nuevas barreras", Nuche defendió que mal empleada las crea, pero que bien usada simplifica la vida del ciudadano.

Frente a la afirmación "estamos diseñando ciudades inteligentes para personas que ya saben moverse por ellas", Moreno asumió un mea culpa del sector y reclamó más esfuerzo en la comunicación de lo que ya se hace para que todo el mundo lo sepa.

La mesa coincidió por unanimidad en que "hay destinos más preocupados por parecer inteligentes que por ser realmente accesibles", aunque matizaron que existen también ejemplos sobresalientes —Benidorm y Altea, citados expresamente— de gestores que sí están integrando ambas dimensiones.

La conclusión, planteada por Moreno, sirve como guía de gestión: "La accesibilidad debería ser un tamiz: lo que hagas, pásalo por el tamiz de la accesibilidad. Si cuela, está bien hecho. Si no, dale un par de vueltas".

 
 

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